Mejor bailarín de el mundo

 

Dicen que a Mijail Baryshnikov no le gustan las entrevistas ni la exposición. Dicen que él accede a hablar porque sabe que es necesario «vender» sus espectáculos. «Son las cosas que hacemos para vender tickets, si no, no lo haría. Cada uno sabe muy poco de la vida en general. Incluso yo, que trabajé toda mi vida en danza y en teatro, no sé nada de ella», dijo, irónicamente, hablando con una periodista, aunque es claro que a este bailarín lo vende su nombre y con eso alcanza para que llene teatros. Dicen, también, quienes lo han visto bailar, que es el mejor bailarín del mundo, incluso hoy, que tiene 69 años. Es que este ruso que fue figura del American Ballet Theatre (ABT), es, según el crítico de The New Yorks Times, Clive Barnes, el «bailarín más perfecto que jamás» se haya visto.

Empezó a bailar con nueve años, cuando la Escuela de Ballet del Teatro de la Ópera de Riga aceptó su solicitud de ingreso. Tres años después ingresó a la prestigiosa Academia Vagánova de Ballet y posteriormente se unió al Ballet Kírov, de San Petersburgo, una de la compañías con más historia del mundo. Allí se convirtió en figura. Incluso, ni siquiera estuvo en el cuerpo de baile, sino que hizo su debut en los escenarios como solista con el ballet Giselle.

Después de tener todo tipo de reconocimientos — incluso se convirtió en el bailarín más joven en recibir el Premio del Estado al Mérito de la URSS —, su necesidad de acercarse al mundo de la danza occidental lo llevó a abandonar la URSS en 1974.

Un año después, el coreógrafo francés Roland Petit lo invitó a participar de una gira por Canadá. Fue entonces que el bailarín pidió asilo político en Toronto y luego de un tiempo empezó a bailar con el Ballet Nacional de Canadá. Luego partió a Estados Unidos.

Fue en Norteamérica que Baryshnikov se construyó como el mejor del mundo. Estuvo en ABT entre 1974 y 1979. Trabajó con el New York City Ballet y se enamoró de la danza moderna y contemporánea. Se dedicó a girar con distintas compañías por varias partes del mundo durante 15 meses. Volvió a ABT en la década de los 80, como figura indiscutida. Incluso después se convirtió en el director artístico de la compañía, lugar en el que estuvo por diez años. Y, en 1986 se nacionalizó estadounidense.

Sin embargo, no fue la nacionalidad ni el país lo que marcó su carrera. El cambio más importante de su vida fue haber dejado la danza clásica, porque sí nomás. O, mejor dicho, para dedicarse al baile moderno. Fue así que en 1990 fundó, junto al coreógrafo americano Mark Morris, la compañía White Oak Dance Project de la cual fue director artístico desde su creación y hasta 2002.

Dos años más tarde abrió su propio centro en Nueva York, el Baryshnikov Art Center, al cual dedica parte de sus días. Así, el bailarín divide su tiempo entre su casa en la «gran manzana» y otra que tiene en República Dominicana. Nunca regresó a su país natal, aunque la decisión de no volver a la Unión Soviética la tomó ni bien se fue. Ese país, dijo una vez, no le inspira nostalgia.

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Autor: Claudia Karely Avila Castillo.